viernes, 24 de abril de 2009

Hildegarda de Bigen




En la edad media, una de las maneras en que la mujer tenia acceso a la vida cultural y artística era el monasterio. Bajo la vida religiosa se tenía la posibilidad de educación y en ocasiones la realización de prácticas artísticas.
La religiosidad femenina y creación de monasterios femeninos se consolida en la alta Edad Media. Es por esta época que se crean las primeras normas legales
por la demanda de mujeres dentro de los conventos masculinos, se pretendia garantizar la serparación de mujeres de los hombres y desmeritar a la mujer de ciertos cargos.
Investigando sobre estas temáticas de las mujeres en la vida monástica, encontré una mujer que admiro en gran medida, por ser una persona con un pensamiento tan amplio, disciplinado y revolucionario para su contexto. Se trata de Hildegarda, una monja del siglo XII consagrada a la vida monástica, hacedora de diferentes oficios y talentos.

Hildegarda nació en Alemania. Estuvo encerrada para educarse como monja desde los ocho años, aprendió a leer y escribir, principalmente para entender las escrituras sagradas pero también para plasmar sus ideas en torno a temas filosóficos, educativos, religiosos, sobre la mujer, la niñez (un concepto diáfano en esta época) y sus poéticas visiones acerca de Dios en la composición de sus versos.
Hildegarda utilizó todas las herramientas que le permitía el monacato, aprendió a tocar el piano, compuso grandes y numerosas obras musicales de una estructura bastante novedosa, casi jazzistica, para los cantos de salmos en las liturgias.
Siempre observadora de su alrededor, escribió libros de botánica sobre la importancia de la naturaleza como creación divina de dios, fundamental para la existencia del hombre y por ende merecedora de respeto, admiración y estudio.
Elaboró algunos manuales sobre medicina homeopática aunque no tan científicos y rigurosos, si con un interesante estudio de sus efectos para la salud emocional y física en el cuerpo humano.

Hildegarda creo su propia orden religiosa a la edad de 30 años . Entre 1132 y 1134 empieza su búsqueda y la fundación de un convento femenino, en Eibigen, que sobrevive hoy en día.
Bajo la abadía de Hildegarda se tenia muy en cuenta la cultura y vida intelectual, en la escritura, lectura, reflexión y obras de servicio a los más necesitados. Dejaba crecer el cabello de las monjas y sobre todo les enseño a consagrarse no solo a la vida espiritual sino como mujeres intelectuales y humanas.

¿Como no admirar a una mujer así? Personalmente me parece muy interesante e inteligente a pesar de regir sus ideas bajo la instrucción eclesiástica. Hildegarda supo con gran astucia estar “del lado religioso” para modificar ciertas reglas que ayudaron al papel de la mujer; creo que solo le falto jugar fútbol para ser uno de mis mayores ídolos, porque también fue artista, pintora e ilustradora de textos; exploró el campo pictórico, la composición (entre otras) y una característica especialmente inquietante, la relación de la obra con el espectador. Sus ilustraciones estaban destinadas a la mirada y emoción, para que quien las observará sintiera el poder de Dios, el pecado y sus visiones místicas corpóreas, espirituales y físicas no solo en estado de éxtasis, sino conciente. Independientemente de sus temáticas, aunque me parecen interesantísimas y apasionadas, su dedicación y reflexión en torno al color, sobre todo el poder de la imagen acompañada del texto, la consolidaron ante cardenales y nobles como una mujer respetable. Ya a sus cuatrenta años, la fama y poder de Hildergarda se imprimio para beneficio de su convento, para sus ideales de devoción y exploración intelectual de la mujer.




Ilustraciòn del libro Scivas-1141-1151

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